{ jueves, septiembre 25 }
Mi barrio es otro antes de que amanezca. Las horas de oscuridad le limpian las paredes de suciedades varias y lo dejan nuevo, casi a estrenar. Durante la ma�ana de los repartidores y los ruidos, las piezas del decorado se van maleando, infectadas por agresiones que quisieran evitar y no pueden. Cada persona que pasa cerca del muro del supermercado, por ejemplo, deja en �l un poso de su prisa, su probable enfado matutino y sus aromas artificiales. Los bancos de la placeta amanecen descansados, casi con ganas de trabajar, y van entristeci�ndose durante la ma�ana hacia la tarde, que es cuando m�s ocupados y hastiados se ven. El mismo suelo, asfalto y losetas, recupera su equilibrio en la noche, respira y se ahueca, se desvincula de las porquer�as que sostiene. Pese a no estar m�s limpio, sabe que su suciedad no es algo inherente, la rechaza y le molesta: todo se le olvida con los primeros coches y transe�ntes, sin embargo.
He conocido el deseo de las calles de mi barrio: permanecer en el momento de antes de amanecer para siempre, disfrutar de la ausencia y el silencio, congelarse.
He conocido el deseo de las calles de mi barrio: permanecer en el momento de antes de amanecer para siempre, disfrutar de la ausencia y el silencio, congelarse.
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{ martes, septiembre 16 }
Clase magistral de m�todos narrativos
| | Podremos y deberemos faltar el respeto a la l�gica ordenadora y a la disciplina del relato, pero jam�s de los jamases a eso que constituye el car�cter exclusivo y esencial de una persona, es decir, a su personalidad, a su modo de ser, a su propia e inconfundible presencia. Se admiten en el personaje todas las contradicciones, pero ninguna incoherencia, y en este punto insistimos particularmente porque, al contrario de lo que suelen preceptuar los diccionarios, incoherencia y contradicci�n no son sin�nimos. Es en el interior de su propia coherencia donde una persona o un personaje se van contradiciendo, mientras que la incoherencia, por ser, m�s que la contradicci�n, una constante del comportamiento, repele de s� a la contradicci�n, la elimina, no se entiende viviendo con ella. Desde este punto de vista, aunque arriesg�ndonos a caer en las telas paralizadoras de la paradoja, no deber�a de ser excluida la hip�tesis de que la contradicci�n sea, al final, y precisamente, uno de los m�s coherentes contrarios de la incoherencia. | |
Jos� Saramago, "La caverna", 2000.
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