{ lunes, junio 30 }
La belleza en matemáticas.
Un individuo normal y corriente apellidado Euler averiguó un día que
eπi + 1 = 0.
Permitid que me extasíe ante la belleza de semejante afirmación. Están en ella incluídas las operaciones más importantes del cálculo (suma, producto, potencia), y, qué maravilla, las constantes más importantes que en el mundo han sido. Tenemos al 1, unitario todo él, que condensa todas las ideas simples y el concepto mismo de existencia. Tenemos a π, nuestro amigo π del instituto, con su innumerable cola decimal en la cual, por ser infinita, podemos encontrar a todos los otros números. Lo mismo que a π le ocurre a e, el número e que acompaña a todos los procesos reproductivos que existen, e que se esconde en tantas y tantas series geométricas.
Poniéndonos más serios ya (los de Matemáticas II se perderán ahora) tenemos a la (ésos mismos que se perderán se admirarán del sugerente nombre que recibe) unidad imaginaria, el número i. Este número es un rebelde matemático que recibe su valor de la imposible aplicación de una raíz cuadrada a un número negativo. Más concretamente, i es igual a la raíz cuadrada de -1. Para los incrédulos, aplicad la raíz cuadrada de vuestra calculadora sobre el valor -1, y me contáis qué ocurre. Y claro. Cierra nuestra ecuación el rosco, la rueda, el cero patatero. Y no diré nada más de él, el número que sin ser número ni nada abrió la puerta a tantas cosas y la cerró a tantas otras que empezaban en verano.
Poniéndonos más serios ya (los de Matemáticas II se perderán ahora) tenemos a la (ésos mismos que se perderán se admirarán del sugerente nombre que recibe) unidad imaginaria, el número i. Este número es un rebelde matemático que recibe su valor de la imposible aplicación de una raíz cuadrada a un número negativo. Más concretamente, i es igual a la raíz cuadrada de -1. Para los incrédulos, aplicad la raíz cuadrada de vuestra calculadora sobre el valor -1, y me contáis qué ocurre. Y claro. Cierra nuestra ecuación el rosco, la rueda, el cero patatero. Y no diré nada más de él, el número que sin ser número ni nada abrió la puerta a tantas cosas y la cerró a tantas otras que empezaban en verano.
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{ miércoles, junio 25 }
Ella no lo sabe a ciencia cierta, pero una urgencia fisiol�gica profunda (como las ganas de ir al servicio, pero m�s profunda; como el impulso cegato que te atrae a otro cuerpo, pero menos agradable) la tiene nerviosa, le pide cosas. Ella no sabe por qu� elige cavar un agujero en la tierra para descargar un poco la tensi�n, pero comprende al empezar que eso le ayuda. Nunca se pens� el cavar como terapia, pero es consciente de que desde hace unos minutos se siente mejor. Aunque la urgencia ahora es m�s intensa: su mente ha empezado a rodar por una ladera y va cogiendo m�s y m�s inercia.
Cava r�pidamente; nunca se imagin� nadie que pudiera hacerlo as�. Y tiene una sorprendente destreza, lo hace bien, como si hubiera estado haciendo lo mismo durante muchos a�os. Est� logrando una fosa profunda, tiene ya m�s de quince cent�metros de profundidad, y sus paredes verticales aguantan perfectamente sin venirse abajo. Entonces comprende. O, m�s que comprender, intuye qu� se le est� pidiendo.
Pero, al mismo tiempo que esa revelaci�n quiere florecer en su cabeza, la excitaci�n aumenta hasta nublarle un poco la vista y las entendederas. Uno tras otro, costosa y lentamente producidos, cuatro huevos blancos se solidifican al contacto con el aire en el fondo del agujero. Aliviada y exhausta, impelida todav�a por fuerzas que no comprende y que mueven su cuerpo prescindiendo de ella, tapa el agujero con la tierra que antes conten�a. Y descansa.
Cava r�pidamente; nunca se imagin� nadie que pudiera hacerlo as�. Y tiene una sorprendente destreza, lo hace bien, como si hubiera estado haciendo lo mismo durante muchos a�os. Est� logrando una fosa profunda, tiene ya m�s de quince cent�metros de profundidad, y sus paredes verticales aguantan perfectamente sin venirse abajo. Entonces comprende. O, m�s que comprender, intuye qu� se le est� pidiendo.
Pero, al mismo tiempo que esa revelaci�n quiere florecer en su cabeza, la excitaci�n aumenta hasta nublarle un poco la vista y las entendederas. Uno tras otro, costosa y lentamente producidos, cuatro huevos blancos se solidifican al contacto con el aire en el fondo del agujero. Aliviada y exhausta, impelida todav�a por fuerzas que no comprende y que mueven su cuerpo prescindiendo de ella, tapa el agujero con la tierra que antes conten�a. Y descansa.
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{ lunes, junio 23 }
Mutant Message Down Under
Una señora americana, Miss Kansas en su día, decide escribir un libro para ayudar a la gente (los motivos de algunos de los norteamericanos siempre tan loables). Piensa que lo mejor que puede hacer para transmitir su espiritualidad [sincretismo cristiano orientalizante norteamericanizado, por decirlo de alguna manera] es narrar una historia que atrape a la gente y les haga reflexionar sobre sus vidas. Entonces decide ambientar su "rollito new-age" en una tribu de aborígenes australianos. Claro, como la señora no sabe mucho sobre aborígenes australianos, utiliza su referente más cercano: los indios aborígenes norteamericanos.
Entonces ella se monta su historieta: habla sobre una supuesta visita a Australia y cómo una tribu remota la llama (a ella concretamente) y la recluta para un viaje sin rumbo por el desierto. Entre los disparates más tontos que se le escapan está el hecho de que pretende hacer creer que una señora blanca, de unos 50, puede sobrevivir en el desierto, sin sombrero, a pleno sol y a más de 40ºC, durante tres meses. Otro ejemplo de su candidez: relata también que se pasó días andando sobre unas plantas con pinchos que alfombraban el desierto: spinifex. Los que han estado allí confirman que el spinifex crece de forma discontínua en el desierto, por lo que siempre es posible caminar por la arena sorteando las matas.
En cuanto a las confusiones antropológicas, Miss Marlo pone a los abos australianos a fabricar "caza-sueños", colocando telas de araña sobre marcos de madera. Nunca en Australia se vió tal cosa: es algo propio de los nativos americanos, y algo muy propio de los viejos hippies de la new-age. También pone a estos simpáticos indígenas a tocar tambores, algo inaudito en aquel continente y muy propio de las películas del oeste (¡heya-heyya, heya-heyya!). En el colmo de la ignorancia, la indocumentada escritora presenta a sus simpáticos amigos con nombres como "Hacedor de Herramientas", "Gran Músico" o "Guardián de Secretos". Contrariamente a los indios norteamericanos, los abos se nombran con criterios familiares o de semejanza, pero nunca mediante nombres como esos.
La cosa llegó a tales extremos que un comité de sabios aborígenes viajó a EEUUA para clarificar todas las mentiras que esta señora arrojó sobre ellos. Al final, Marlo Morgan reconoció que todo era una ficción. Pero su libro sigue dando vueltas al mundo y manipulando nuestra percepción de aquella gente. Y lo que es peor, muchos aquí han entendido que la filosofía de Marlo Morgan es el ideal de vida en equilibrio, y se han convertido en "practicantes" del morganismo, que no es otra cosa que new-ageismo fundado en una novela de ficción. ¿Quieres religión? Pues hazte una.
ACTUALIZACIÓN: A todas aquellas personas que se ofuscan al leer este antiguo texto, y consideran dañada su espiritualidad por estas opiniones, sugiero que visiten (y lean con provecho) los siguientes sitios. Todos ellos están en inglés, pero no por ello dicen menos verdad.
Entonces ella se monta su historieta: habla sobre una supuesta visita a Australia y cómo una tribu remota la llama (a ella concretamente) y la recluta para un viaje sin rumbo por el desierto. Entre los disparates más tontos que se le escapan está el hecho de que pretende hacer creer que una señora blanca, de unos 50, puede sobrevivir en el desierto, sin sombrero, a pleno sol y a más de 40ºC, durante tres meses. Otro ejemplo de su candidez: relata también que se pasó días andando sobre unas plantas con pinchos que alfombraban el desierto: spinifex. Los que han estado allí confirman que el spinifex crece de forma discontínua en el desierto, por lo que siempre es posible caminar por la arena sorteando las matas.
En cuanto a las confusiones antropológicas, Miss Marlo pone a los abos australianos a fabricar "caza-sueños", colocando telas de araña sobre marcos de madera. Nunca en Australia se vió tal cosa: es algo propio de los nativos americanos, y algo muy propio de los viejos hippies de la new-age. También pone a estos simpáticos indígenas a tocar tambores, algo inaudito en aquel continente y muy propio de las películas del oeste (¡heya-heyya, heya-heyya!). En el colmo de la ignorancia, la indocumentada escritora presenta a sus simpáticos amigos con nombres como "Hacedor de Herramientas", "Gran Músico" o "Guardián de Secretos". Contrariamente a los indios norteamericanos, los abos se nombran con criterios familiares o de semejanza, pero nunca mediante nombres como esos.
La cosa llegó a tales extremos que un comité de sabios aborígenes viajó a EEUUA para clarificar todas las mentiras que esta señora arrojó sobre ellos. Al final, Marlo Morgan reconoció que todo era una ficción. Pero su libro sigue dando vueltas al mundo y manipulando nuestra percepción de aquella gente. Y lo que es peor, muchos aquí han entendido que la filosofía de Marlo Morgan es el ideal de vida en equilibrio, y se han convertido en "practicantes" del morganismo, que no es otra cosa que new-ageismo fundado en una novela de ficción. ¿Quieres religión? Pues hazte una.
ACTUALIZACIÓN: A todas aquellas personas que se ofuscan al leer este antiguo texto, y consideran dañada su espiritualidad por estas opiniones, sugiero que visiten (y lean con provecho) los siguientes sitios. Todos ellos están en inglés, pero no por ello dicen menos verdad.
- Creative spirits: Contiene una crítica del libro, una cronología del fraude (incluyendo recortes de periódicos), una comparación de frases de Ms. Morgan con otras de la literatura científica y un estudio sobre las opiniones de las personas lectoras según su procedencia (australianas o no).
- Chris Sitka: una crítica del libro por parte de una australiana que trabajó con aborígenes durante años.
- Mutant Exposed: otra web dedicada a desentrañar la mentira.
- Dumbartung Aboriginal Corporation: agrupación de aborígenes dedicada a luchar contra las mentiras que el libro arroja sobre ellas. Incluye declaraciones oficiales, estudios detallados, crónicas de la campaña que emprendieron contra el libro, un artículo de una antropóloga y otros documentos.
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{ jueves, junio 19 }
El objetivo del comercio es el comercio.
−Es interesante lo de los Mutantes y el envejecimiento, que se hagan demasiado viejos para ciertos trabajos, que tengan una utilidad limitada.
−Nunca demasiado viejos para el dinero − añadió alguien.
−Al parecer el comercio se ha convertido en un azar para los Mutantes. Vuestros negocios se iniciaron para que la gente colectivamente tuviera mejores productos de los que podría conseguir por sí sola, y como un método de expresar el talento individual y formar parte de vuestro sistema monetario. Pero ahora el objetivo del comercio es seguir comerciando. A nosotros nos parece extraño porque vemos el producto como una cosa real y a las personas como cosas reales, pero el comercio no es real. Un negocio es sólo una idea, sólo un acuerdo; sin embargo, el objetivo del comercio es seguir comerciando, a pesar de todo. Estas creencias son difíciles de comprender (...).
Marlo Morgan, "Las voces del desierto", 1991. (todo mentira) (todo mentira, en castellano)
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{ jueves, junio 12 }
¿qué es agenbite of inwit?
El título de una historia religiosa del periodo anglo-normando de la literatura inglesa (s. XIII). Más tarde James Joyce tomó esta frase que significa remordimiento de conciencia y la hizo formar parte del interior de Leopold Bloom, protagonista de "Ulises". Más que remordimiento de conciencia, es el daño de la introspección, la cuchilla afilada del autoexamen y de la metaconciencia.
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